A 5 meses de asumir las riendas de la Liga de Comunidades Agrarias de Sinaloa, Miguel Ángel López Miranda, despliega una de las estrategias de precisión más meticulosas para restaurar los tejidos financieros, políticos y sociales cenecistas que les deshizo el cambio inesperado del mapa electoral en el 2018 con el triunfo de Morena en la Presidencia de la República y, que en 2021, acabó de remachar en la entidad, Rubén Rocha Moya en la gubernatura.
El ejidatario que se apresura para adaptarse a ser el líder que el momento requiere, realiza un esfuerzo titánico al navegar en contra corriente, tras atestiguar el antecedente de la eliminación de las cuotas, que por décadas, entregaron productores del sector social a la LCA, y que el morenista Congreso del Estado, les anuló por decreto.
En la lucha que emprendió al sustituir el 17 de enero pasado a Faustino Hernández Álvarez, encabeza una pelea en una ominosa desigualdad de circunstancias, porque además de la estructura humana laboral que casi se desmantela por falta de recursos económicos para cubrir los salarios, el edificio que albergó una especie de cuartel de donde se modelaron protestas, campañas de proselitismo y gestiones, dejó de ser propiedad de los segmentos campesinos y aparece a nombre del Partido Revolucionario Institucional.
Ello en una de las burdas tretas que los últimos presidentes del Comité Directivo Estatal en contubernio con los gobernadores priistas en turno, procesaron para diezmar a los ejidatarios.
Sin embargo, aún con tener aparentemente incluso a los “amigos” en contra, Miguel Ángel López Miranda, no exhibe el semblante de un vencido.
Alienta en las poblaciones rurales la participación de los socios y de los avecindados y promueve labores de acercamiento con las autoridades a base de diplomacia.
No se confronta con nadie y despacio y en silencio, opera el respaldo que en breve pudiera lograr de diferentes grupos que están conscientes de que la Liga de Comunidades Agrarias, no tiene por qué desaparecer.
Preside, una cruzada de rescate no solo porque se trata de una organización a la que pertenecen hombres y mujeres que se dedicaron a labrar la tierra de por vida, aún con las consecuencias nocivas de cada ciclo agrícola, para generar los alimentos que consumen los mexicanos, sino porque es el símbolo de una veta de historia de lucha y de trabajo. Incluso, del sentir ideológico de los miles de familias que se asientan en los pueblos rurales.
Es tal genuina y perseverante la táctica que se plantea, que Miguel Ángel López Miranda está a punto de lograr el aporte de campesinos y de empresarios del ramo que se impusieron como consigna que la Liga de Comunidades Agrarias no debe morir.
E inclusive, es previsible que hasta las autoridades morenistas, estén de acuerdo de que se habla de la Confederación Nacional Campesina, se alude a un instrumento que les sirve a todos para resolver la grave problemática del campo sinaloense y mexicano.
Por eso hay que conservarlo.