De Golpe Bajo Por Francisco Rocha García

Nadie quiere dirigir el PRI-Sinaloa

Se acabaron los valientes que deseen “meterle dinero bueno al  malo”

Viejos y nuevos buscan reacomodo en gobiernos a instalar de Morena

Sergio Jacobo se auto redujo a ser un defensor de la autoridad en turno

A nadie le interesan las riendas del PRI en Sinaloa, porque tampoco a nadie le gustaría meterle dinero bueno al malo. Los viejos militantes ya no quieren nada y al igual que las nuevas generaciones, que por cierto aplastaron, se lanzaron a la búsqueda de un reacomodo en lo que se levantarán como aparatos burocráticos nacientes de ayuntamientos o de Gobierno del Estado.

Otros, preparan sus estrategias para cruzar las rendijas y enlistarse a las filas de lo que es Morena. Es el estilo general de quienes no quieren estar en las líneas de los perdedores.

Los cabecillas de las corrientes más antiguas del Partido Revolucionario Institucional, que siempre la tuvieron fácil, se quejan y azuzan a crucificar al gobernador Quirino Ordaz Coppel. Es la lucha desesperada por el poder que cuanto se prueba la derrota, los obliga a culpar culpables y a declararse inocentes.

En ese modo de ejercer un control de daños, Sergio Jacobo Gutiérrez, coordinador de la bancada del tricolor en el Congreso del Estado, expone que el priismo está vivo, sin embargo, ya bajan su féretro a la sepultura.

Y se ilusiona que habrá que cambiar de nombre y de siglas para maquillarse. Mientras entre la militancia y la ciudadanía se advierte, que nada podrá regenerarse por fuera, si por dentro operan las mismas camarillas de siempre: corruptas y sin calidad moral y política.

Nada servirá, si continúan “en el mismo lugar y con la misma gente”.

En las fuera del edificio del partido sede en Culiacán, entre pláticas lo cuestionan los ya muy escasos militantes de cepa que se juntan: ¿cómo es posible que haga propuestas que para nosotros no tienen valor al provenir de alguien que solo se dedicó a ser defensor el mandatario sinaloense en turno?

Especialmente, cuando se trata de un “florero” de la autoridad del estado.

Entre la clase priista, se escucha que no hay quien pretenda sentarse en la silla, porque en realidad no les place trabajar.

Lo añoraban cuando había dinero y poder de decisiones al estar bajo la sombra de los presidentes de la República, de los gobernadores y de los alcaldes. Cuando el Revolucionario Institucional operaba como brazo armado para imponerse como agencia de colocaciones en las entidades gubernamentales.

Cuando todo era corrupción, dinero y gloria.

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