De Golpe Bajo Por Francisco Rocha García

Julio Duarte, un chasco para socios del STASAC

Registra cero gestiones en favor de la clase trabajadora de Culiacán

Con un historial de traidor, clava puñaladas a las familias del gremio

Administra al sindicato como un “Club Social” de amigos y parientes

A un año y poco más de cuatro meses de que lo eligieron como dirigente del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán, Julio Duarte Apan resultó ser un chasco de los más ominosos en la historia del sindicalismo sinaloense y mexicano.

No es nada de lo que las bases esperaban.

El muchacho no tiene nada qué hacer al frente del organismo, porque maneja el STASAC como un auténtico “Club Social” en el que rodeado de sus amigos se muestran en una abierta pasarela para lucirse. Cierto que no se sabe con quién tratan de quedar bien.

Sin embargo, su comportamiento ya se advertía. Sus miedos lo metieron en el centro del oscuro círculo del silencio. Entre menos hable, menos se siente su existencia.

Cero gestiones son la que registra en favor del gremio. No hay defensa de los intereses de la clase trabajadora y los acuerdos que toma de manera unilateral la autoridad  de la capital de Sinaloa, los obedece ciegamente.

Los integrantes se preguntan constantemente, ¿qué lo hace que actúe como sonámbulo” en ese escenario al aire libre en el que la gante ya se dio cuenta de que su dirigente simplemente no les sirve.

Es ¡una vergüenza!, lamentan agremiados que se pasean por los pasillos de Palacio Municipal, mientras voltean al frente de la puerta miran arriba de un edificio que se localiza al cruzar la avenida Alvaro Obregón, un gran manta que lo crítica con dureza pero que es realista.

La leyenda, prácticamente hace pedazos a Julio Duarte Apán.

Pero su actitud era visible a leguas. El sucesor de David Alarid carga con un historial de traidor.

Solo hay que recordar cómo les clavó una puñalada a los principales operadores del grupo político que encabeza Sergio Félix Torres. Especialmente, cuando fueron los de este segmento quienes lo cobijaron.

Sin ellos, no estaría en la Secretaría General.

Desde esa base lo respaldaron moral  y sindicalmente. A través de cooperaciones en pequeña escala, le financiaron parte central de lo que fue su campaña como candidato a la directiva.

Le consiguieron camisetas y cachuchas y antes, establecieron un compromiso “de hombres”. Empero, muy rápido enseñó el cobre o más bien se mostró como en realidad es.

Aparte que ni las gracias les dio, cuando se vino la sucesión que se votó constitucionalmente el pasado seis de julio para renovar la gubernatura, los 18 ayuntamientos y los congresos federal y estatal, Julio Duarte Apán se apuró a apoyar a los adversarios de Movimiento Ciudadano que llevó como abanderado al Gobierno de Sinaloa, a Sergio Torres Félix.

Y les metió dinero en contra de MC y a su vez, suministró billetes del STASAC, aparentemente en beneficio de los priistas y panistas que se aliaron también con el PRD. En este punto, exhibió igualmente su condición de mal agradecido.

Entonces, ¿Qué se puede esperar de alguien que actúa con todas las agravantes de la ley?

Y quien ya comenzó a traicionar a la clase trabajadora que cada día se convence más de que necesita un nuevo, pero verdadero líder que los saque del atolladero en que el hoy directivo los hunde más.

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