El fantasma del colapso, ronda sobre municipios
A los ayuntamientos se les comenzó a “acabar la fuerza de la mano izquierda”. Los diagnósticos sanitarios por el Covid-19 empujaron los desalentadores pronósticos de las finanzas públicas al alargarse oficialmente la epidemia que destapó rebrotes por todos lados. Y la crónica de un colapso anunciado está por estallar.
Esto independientemente a la tragedia general que aumentó el número de decesos y de enfermos.
El alcalde petista de Navolato, Eliazar Gutiérrez Ángulo fue el primero en salir a dar la cara, o posiblemente al que esperaron para enviar como puntero el resto de los munícipes que no se atrevieron a exponer la realidad.
Para no confrontarse con el gobernador Quirino Ordaz Coppel quien ya dijo que la Federación les aplicó recortes como nunca, que rondan entre los 900 millones de pesos en participaciones.
La determinación del navolatense la activó el buen gobierno que hasta el momento encabeza, pero los signos en los 18 municipios son los mismos: de agotamiento económico.
A la débil estructura del empleo que en condiciones normales compuso el andamiaje sinaloense y mexicano, la pérdida de plazas desencadenó el peor desmantelamiento de la historia por la emergencia.
Los pobladores, como lo señaló el edil del municipio ex cañero, no tiene dinero para pagar los servicios esenciales de luz, agua y drenaje. Menos del predial del que provienen montos con los que las autoridades municipales acostumbran a re oxigenarse cuando sufren de asfixia.
En consecuencia, no hay captaciones que permitan fortalecer las arcas de las municipalidades y como efecto dominó tampoco hay reservas para ayudar con apoyos alimenticios y medicamentos a los ciudadanos.
Es más, ni para cubrir las necesidades del gasto corriente que contempla los sueldos de la clase trabajadora para cuando finalice el mes.
Es caótica la situación que se espera.
Porque a las consecuencias lógicas colaterales, se le sumarán la suspensión de los principales servicios públicos. Si no hay una solución inmediata, las películas llenas de eufemismo, quedarán cortas ante el realismo que se vivirá.
Las calles y las vecindades estarán repletas de basura. Los fétidos olores y la proliferación de bacterias se apoderarán del ambiente. Por si fuera poco, a los problemas del coronavirus se le multiplicarán los que originen esa mezcla bacteriológica.
Y las líneas de agua potable y alcantarillado dejarán de funcionar paulatinamente. Aparte de que no se les dará el mantenimiento que requieren.
Porque hambre ya se padece en algunos hogares. Y los delincuentes intensificaron su perpetración de delitos especialmente el robo y asalto.
Por lo pronto, caras desdibujadas por la angustia de no tener trabajo, componen el nuevo paisaje escénico de los municipios.
Probablemente se considere excesivo lo que se plantea, pero si no se resuelve o no se busca adaptarse a la prolongación de la contingencia que se niega a retirarse, seguramente se podrán ver todos estos cuadros sociales.
Porque a algunos les parecerá exagerado porque todavía tienen cheque seguro o ahorros suficientes para aguantar más, pero ignoran que existen familias, que no tienen nada.
Al grado que se encaminan casi a rendirse.
Porque están a punto de ser despojados por la pandemia, de todo.
Incluso, hasta de la esperanza.