Por Francisco Rocha García
Gaxiola desea irse y Rocha no quiere que se vaya
A Javier Gaxiola le urge retirarse de la titularidad de la Secretaría de Economía sinaloense porque tiene listas las maletas que cargará para abordar el tren en el que iniciará un nuevo viaje, mientras que en el punto medio de lo que decidió, el gobernador Rubén Rocha Moya, no quiere que se vaya.
Sostiene que le sirvió mucho durante todo el tiempo en que operó como responsable del área y le patentiza cada vez que es necesario, la confianza que le tiene.
El funcionario, indudablemente que cayó en la conjugación de sentimientos que confluyen entre políticos y económicos, de quedarse o de irse.
Lo que lo podría atar para que siga al frente de la dependencia, es que se apegue a la norma no escrita de que al mandatario no se le debe decir que no, tan fácilmente. Y creo que en una circunstancia muy dificultosa es que se mueve en estos últimos días del año.
La fecha que se puso como límite, es la elija el oriundo de Batequitas para presidir un acto en el Congreso del Estado para dar los pormenores de lo que es su Tercer Informe de Gobierno, que con antelación, entregó a los legisladores su secretario general de Gobierno, Feliciano Castro Meléndrez.
Y será el 29 del mes en curso.
Como no hay plazo que no se llegue ni día que no se cumpla, hasta lo que se sabe, el todavía cabeza de la SE de Gobierno del Estado, esperará impacientemente una semana para concertar su despedida.
Aunque la noticia se dio a conocer hace más de 20 días, al parecer no encuentran a un sustituto, pese a que hay una lista de aspirantes y ello despierta los efectos de la duda:
¿Se quedará siempre Javier Gaxiola como secretario de Economía?
La postal de los músicos en tiempos de guerra
Lo que este 21 de noviembre se vivió en las escalinatas de la Catedral culiacanense y en la plaza pública contigua, constituyó una especie de “Jueves Blanco” -contrapuesto al negro que se repudia- y bosquejó entre la multitud que se embonó solidariamente, a la postal que refirieron los organizadores de bandas de música, mariachis y grupos norteños, que se plasmó en tiempos de guerra. El mensaje de este evento asombroso radicó en que si la violencia puede rebasar a las autoridades, la sociedad no tarda en superar a las mismas, si se organiza.
Dado que conformó una corriente de expresión colectiva, de la urgencia de acabar con el problema latente que la abruma.
Los más de 250 integrantes de cuadros de filarmónicos, hombres y mujeres de segmentos del espectáculo que portaron trajes y sombreros de charro, asi como de los intérpretes que acordeón en hombros, complacieron piezas que armonizaron con guitarras y tololoches, tras abandonar los camellones y cruceros de calles que tomaron desde que estalló la contingencia, fueron la prueba de que cuando se quiere se puede.
Al llamado de apoyo del empresario de los alimentos Miguel Taniyama, se agregaron rápidamente algunas autoridades y restauranteros. Y los meseros y los estudiantes de gastronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa y de otras instituciones, le entraron al reto.
Un poco más de 30 agrupaciones hicieron sonar con poderío sus instrumentos y la gente de la capital de Sinaloa, venció los miedos que la obligaron a enclaustrarse por más de dos meses.
La consigna de auxiliar a los más golpeados por la crisis económica que en un plazo medio o largo alcanzará a todos, resultó funcional y los mil 200 kilogramos de ceviche de camarón que se prepararon, se agotaron.
La señal más clara y contundente lo plantea el acto de solidaridad comunitaria y enseña que aún en las épocas más complejas, la organización de la gente es efectiva.
Y expone sin lugar a dudas, que cuando las partes se unen, pasan a ser la fuerza del todo.
Es la energía junta que podrá desbordarse sobre las capacidades de las autoridades que no encuentran una solución a los conflictos, de la que resalta la iniciativa ciudadana que no debe desdeñarse en instantes en que busca la paz.