Por Francisco Rocha García
Pega la fiebre sucesoria también a los opositores
A los “destapes” de los alcaldes Gerardo Vargas Landeros, de Ahome y Juan de Dios Gámez Mendívil, de Culiacán, el gobernador Rubén Rocha Moya que prácticamente inauguró la carrera por su sucesión dentro de Morena, obligó a que se aceleraran los golpes de fiebre entre los morenistas y entre los integrantes de los partidos opositores, y sin intención o a propósito, diseñó la agenda electoral en la que se basarán los principales acontecimientos.
Y como en otros tiempos lo hizo el Partido Revolucionario Institucional, le corresponderá al responsable de la Cuarta Transformación en Sinaloa, marcar las líneas y los tiempos para el juego electoral.
De entrada le paró momentáneamente a la senadora Imelda Castro sus movimientos al ser la primera que abrió fuego en contra de la figura del Ejecutivo sinaloense, en aras de impulsar cambios que como estrategia se desenvuelven desde la Ciudad de México, por grupos de corte nacional que están en la lucha constante por el poder de todas las plazas.
La repercusión de lo que dijo el gobernante el 31 de octubre, cimbró el organismo de Enrique Inzunza Cázarez, quien desde la Cámara Alta no aleja su mirada de la tierra de los once ríos para estar al tanto de lo que sucede. Para preparar armas en caso de que se le quieran adelantar en la competencia.
Lo mismo pasó con Feliciano Castro Meléndrez que desde la Secretaría General del Gobierno del Estado, sabe que goza de una condición de privilegio para aspirar a suceder a su jefe.
El ex diputado local hace sus maniobras para entrar a los ánimos del oriundo de Batequitas y busca fortalecer sus relaciones en los altos círculos de Movimiento de Regeneración Nacional.
El efecto de lo que expresó el titular de gobierno sinaloense, fue como de tres bandas porque calentó a los pretensos del PRI como al legislador Bernardino Antelo, que se autoproclamó como viable para ser el bueno.
Y si no es él, se pronunció por la senadora Paloma Sánchez, para que en su calidad de mujer entre a la disputa para dirigir los destinos de la entidad.
Con su propuesta, también le perpetró un golpazo en la cabeza a Mario Zamora, que padece de una obsesión por estar por segunda ocasión en la justa comicial del 2027 y que en el 2021 pasado, perdió con una ventaja espantosa, precisamente contra Rubén Rocha Moya a quien no cesa de criticar porque todavía la duele el fracaso electoral que le hizo sentir.
Las manifestaciones presurosas para que les enfoquen los reflectores, alcanzaron a los del Partido Verde Ecologista que no quisieron quedarse atrás. Rodolfo Valenzuela, anticipó que analizarán la posibilidad de que una dama, sea la que vaya a la puja.
Con ello, avisó que aquí estamos los del PVEM, en cuyos terrenos también “corre aire”, lo que soltó indicativos de que la lucha comenzó y no se detendrá hasta que se procesen los nombres y salga humo blanco en cada uno de los casos.
Por el dinero, la riña por dirigir Morena.
La incipiente riña por la dirigencia estatal de Movimiento de Regeneración Nacional, que promovió que Merary Villegas abandonara su curul como diputada federal y que su principal contrincante, el estridente legislador local Pedro Villegas Lobo protagonizan, no entraña más que el inicio de maquinaciones que se modelan desde la Ciudad de México.
Y que como células delincuenciales se disponen a hacer lo que sea para ganar el baúl que contiene piezas brillosas.
Lo que buscan los dos y los que saldrán en los próximos días, no es más que el dinero que maneja Morena. Y apuntalarse hacia el juego del 2027 que pegó como fiebre a varios.
Es una pelea de frente y sin vergüenza la que mantienen todas las facciones y la que intensificarán en los días que están por venir otros que se consideran con los derechos únicos de un movimiento que se gestó por iniciativa de la gente y que hoy, propios y extraños se acreditan de manera abierta.
¿Qué Merary no deseaba estar en el Congreso de la Unión para dejar el organismo moreno?
Lo que se sabe es que quiere estar en las dos partes, adjudicarse dos sueldos y sus prestaciones paralelas, aunque los estatutos se lo prohíban.