De Golpe Bajo

Por Francisco Rocha García

Rocha, contra una élite despiadada del dinero

En la lucha por lograr mejores precios para el maíz y para despresurizar la comercialización que impuso el caos con la toma del Aeropuerto Internacional de Culiacán de parte de los productores desde el martes, el gobernador Rubén Rocha Moya se enfrenta a una elite del poder económico muy despiadada. Que impone reglas, comete abusos y acapara la producción con rango de malbarata.

Y en esa arrolladora fuerza de los grandes industriales que son dueños del dinero, arrastran a los campesinos de buena fe, a quienes con el engaño de dirigentes chapuceros los avientan por delante.
Son la “carne de cañón” para las marchas, los plantones, los mitin de protesta y las tomas de instalaciones.

Es cierto que los labradores del campo social y privado, cada ciclo pugna y se movilizan por una causa justa y continuamente reciben la solidaridad de sectores cercanos a su actividad que son piezas vitales en la cadena de suministro y de reactivación de la economía.

O que están en el alto nivel al considerarse la alimentación del pueblo, a la que contribuyen, como un asunto de Estado.

Pero el nudo que los ahorca y que no permite a las autoridades resolver sus demandas, está más al fondo de lo que se cree.

Desde hace décadas, los compradores adinerados acopian la cosecha maicera que se fijó en 6965 pesos la tonelada, a como se les antoja.

No tienen consideraciones para quienes se las entregan. Los hombres del agro están a expensas de un sistema duro y de compradores tacaños que actúan como asaltantes en despoblado.

Son los caciques modernos a los que solamente les interesa llenarse sus bolsas de billetes y dejar a las familias de este giro “muertas de hambre”. Los gigantescos especuladores como monstruos de río se tragan a los peces más chicos de manera cruenta.

Son los mismos que los financian la siembra para encadenarlos como vendedores cautivos del grano.
La gota que derramó el vaso, proviene de allí.

De que los bodegueros que adquieren fácilmente los volúmenes que se levantaron en las miles de hectáreas de Sinaloa, las tienen repletas y no cuentan con espacios para contratar las que faltan. Se niegan a sacarlas para seguir con la criminal especulación.

Y mientras, el tonelaje que queda, alrededor de 4 millones de toneladas, cuyos ejidatarios y pequeños propietarios no tienen el dónde guardarlas, pueden perderlas.

Esta presión de los compradores voraces, es planificada, para que en unos días se las ofrezcan a precios de remate.

Es el origen de la desesperación y de los movimientos que culminaron en el bloqueo de la terminal aérea.

De la caótica situación que paralizó a media ciudad y obstaculizó vuelos nacionales con repercusiones en rutas internacionales.

Que desató la rabia de la ciudadanía que es la menos culpable. Y que continuará con la alteración de las tareas escolares y laborales, entre otras.

Rubén Rocha Moya, entonces, se confronta desde hace meses contra un tropel de empresarios “coyotes”, que está dispuesto a todo y desestabilizar el estado para sacar su mejor raja.

A quienes con tal de obtener más dinero, no les importa la anarquía ni quien sufra las consecuencias.

De ese tamaño son los enemigos de Sinaloa.

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