Por Francisco Rocha García
Priistas se montan a Morena y ganan la mitad de las sindicaturas
Una ofensa sin nombre, las cuarterías de la muerte en el campo
Durante el plebiscito de este domingo, aparentemente los candidatos morenistas, triunfaron en 16 de las 17 sindicaturas que integran Culiacán, pero el 50 por ciento quedaron en manos de priistas que se metieron como la humedad a Morena. Fueron los caballitos de Troya, que se colaron, no para hacer explotar al partido en el poder municipal, sino para apoderarse del mismo.
Para empezar en Tacuichamona no hubo elección porque solo un aspirante se registró para la competencia.
Claramente, el único que ganó una posición fue el Partido Sinaloense, a pesar de la condición adversa en que se encuentra en el escenario estatal.
Los de Movimiento de Regeneración Nacional, no deben “echar las campanas al vuelo”, porque será una falsedad celebrar lo que no les dio motivo para declarar una victoria mayoritaria, que en otras épocas para los del Partido Revolucionario Institucional sería una fiesta.
Los resultados, revelaron que son escasos, casi nulos los fundadores del morenismo que siguen en pie de lucha, o que realizan una función desde las trincheras de los ayuntamientos. La verdad es que muy poco les duró el tiempo de vigencia.
Los éxitos electorales de lo que pudiera llamarse izquierda, los colocaron en estado de extinción.
Las figuras más relevantes que mostraron un afán fundacional en los viejos tiempos, en que nadie daba un centavo por Morena, están en medio del enredo social y político.
Jesús Estrada Ferreiro y Guillermo Benitez Torres, alcaldes con licencia de la capital sinaloense y Mazatlán, sobreviven en medio de los escándalos, inhabilitados momentáneamente para estar en la disputa electoral que se avecina y bajo riesgo de pisar la cárcel.
Eran la “crema y nata” de Morena que al probar las delicias del poderío, se echó a perder.
Ni la amistad, que presumieron con el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, lo salvó.
Y los que no tuvieron lazos amistosos o políticos, quedaron fuera de todo aparato gubernamental.
Una ofensa sin nombre, las cuarterías de la muerte en el campo.
Las cuarterías de la muerte que descubrieron en un campo agrícola de Juan José Ríos, decretado para convertirse en municipio este 2023, donde perdieron la vida tres niños por causas de anti higiene, son una ofensa a la dignidad humana que pregonan los empresarios del ramo que explotan a las familias jornaleras, como esclavos.
Una vergüenza también para autoridades del Trabajo y Previsión Social, los supuestos defensores de los derechos humanos, las de Salud y los dirigentes venales de los sindicatos de peones de las plantaciones, que se hacen de la “vista gorda” y se transforman en cómplices de prácticas que se creyeron superadas.
Es necesario el castigo para todos aquellos que simulan realizar visitas de inspección y que no encuentran algo que les haga siquiera dudar de las circunstancias tan crueles en que viven los obreros del agro.
Las comisiones de derechos humanos, a la mejor no los protegen porque no son delincuentes.
Será cuestión de verificar a todo lo largo y ancho de Sinaloa, donde se yerguen instalaciones insalubres de comunidades de trabajadores, con cuyo esfuerzo, se enriquecen los horticultores que viajan a Europa y a ciudades de Estados Unidos a disfrutar de la sangre que dejan en las galeras y en los surcos donde se mueven.