Por Francisco Rocha García
Cauto y preciso, Rocha en el juego de la sucesión
Apuntalado en la solidez que le concede su posición, Rubén Rocha Moya opera a discreción, en la antesala del año que viene, una precisa partida sucesoria y aprovecha todas las condiciones que se le agregan al escenario para que antes, durante y después de la elección Presidencial conservar el control que le permita nombrar a un heredero de su mismo corte político o ideológico para el 2027.
O por lo menos, impulsar a alguien que le proteja su retirada.
En esa movida de piezas que inició, observa todo lo que hace ruido y realiza cálculos medidos porque está consciente que no debe fallar ni dejar de escapar la oportunidad que el destino le brindó el 2021 y que le exige gobernar bien y despedirse mejor.
Con tantos aspirantes al senado de la República que se pasean por las plazas, tiene que cuidarse al máximo y adoptar acciones contundentes contra los propios y extraños que se quieran “pasar de tueste”.
Con la fiebre encima que lo develó como prepotente, el titular de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, el morenista Feliciano Castro Meléndrez cada vez está más lejos de la candidatura, que cree que por su cercanía con el mandatario la tiene segura.
El Ejecutivo percibe que en política “todos los amigos son falsos y todos los enemigos son verdaderos” y frente a esta circunstancia, habrá de actuar con realismo y hasta con frialdad.
Es muy remoto que el legislador llegue limpio a la toma de decisiones. Desde hace tiempo que “cava su tumba” al efectuar el trabajo sucio contra el ex edil de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro. Y continuar con el juicio político o penal que se le prepara al ex munícipe de Mazatlán, Guillermo Benitez Torres, a quien recién quitaron de la Secretaría de Turismo para procesarlo.
La otra labor de fango que encabeza, el dirigente de la bancada de Movimiento de Regeneración Nacional en la Cámara de Diputados, es la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Sinaloa, por lo que dentro y fuera de ésta, lo comienzan a ver como el verdugo que aplica toda su furia para atentar contra la autonomía.
A ello le suma su animadversión que mantiene con el fundador del Partido Sinaloense, Héctor Melesio Cuén Ojeda, contra quien propuso desmantelar toda su estructura en las administraciones públicas municipales y la estatal, donde colocó funcionarios y regidores pasistas a través del voto como aliado del morenismo.
Asimismo sostiene una pugna de intrigas con el Embajador de México en España, el priista-morenista Quirino Ordaz Coppel, solo porque se le menciona como pretenso a senador al contar con las simpatías del oriundo de Batequitas, Badiraguato y con las del Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.
En la multiplicación de enemistades que fomenta, Feliciano Castro Meléndrez le disputa dardos en mano, todo lo que se hace y no se hace en la Secretaría de Educación Pública y Cultura, a Horacio Lora, subsecretario de Educación Básica, representante del ala dura de Morena en la entidad.
Empero, aún no puede doblegarlo.
Frente a tal panorama, Rubén Rocha Moya modela la visita de los Presidenciables al territorio que dirige y no pierde detalle.
Tiene a raya a la senadora Imelda Castro que busca reelegirse y tras una amonestación gubernamental, le bajó a sus recorridos por los municipios para apaciguar las aguas.
Con Jesús Estrada Ferreiro y Guillermo Benitez Torres, fuera de la jugada, el titular del Gobierno del Estado, elimina gradualmente obstáculos y a la vez, utiliza con tiento la bruma de la confusión, como se estila en la actividad política cuando se rebasan las líneas.
Desde hace meses, estableció un vínculo que a la fecha parece consistente, con el alcalde de Ahome, Gerardo Vargas Landeros, a quien reconoce como uno de los mejores presidentes municipales de la geografía, sin desconocer, que también aspira a ocupar una curul en la Cámara Alta, y además, le puede servir en su proyecto personal.