Los contrastes que entre Sergio y Mario, hacen la gran diferencia
En el centro de la histórica lucha de contrarios que desde que asumió la Presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador atizó para reavivar por todos los rincones, la contienda por la gubernatura de Sinaloa, impone que Sergio Torres Félix y Mario Zamora Gastélum, hacen el contraste de la gran diferencia entre las tres damas y los cinco caballeros que le apostaron al juego político.
El primero, pretenso de Movimiento Ciudadano, además de entrañar el suyo, simboliza el sueño de millares de pobres de la entidad que lo idealizan como la esperanza que debe hacerse realidad, para que llegue a ser gobernador aquel que en sus años mozos, empezó su carrera laboral como un simple barrendero. Nació en la comunidad de Los Vasitos, Culiacán.
El segundo, aspirante de la Alianza PRI-PAN-PRD, personifica a flor de piel la frivolidad y a los centenares de hijos de familias ricas que cobraron el mote de Juniors y que actualmente quiere asaltar el poder sinaloense. A primera vista, quienes lo ven en los mítines, encuentros o reuniones, señalan que es de sangre pesada.
Carga con algo que no puede evitar.
Sergio Torres Félix, estudió las licenciaturas de Derecho y de Contaduría en la Universidad Autónoma de Sinaloa, a donde asisten la mayoría de los alumnos de escasos recursos financieros.
Mientras que Mario Zamora Gastélum cursó la carrera de Economía en Instituto de Estudios Superiores de Monterrey, institución que surgió para cobijar a los estudiantes adinerados.
Estudió también en la universidad de Harvard, Estados Unidos y en escuelas para privilegiados en Europa.
Vio a la luz en la ciudad de Los Mochis.
En días recientes, este último al igual que el fracasado abanderado a la Presidencia de la República, el panista Ricardo Anaya “Canallín”, optó por dormir en una casa de gente que padece pobreza, para calar que se sabe estar jodido.
Sin embargo, su contrincante de Movimiento Ciudadano, por años convivió con los más fregados. Visitó sus casas y pernoctó en bancas de las plazuelas, porque no tenía para pagar un carro de sitio a su hogar.
El mochiteco es un desconocido entre los vecinos de los cinturones de miseria social y económica que se dispersan por los 18 municipios, mientras que el culiacanense, creció entre los grupos desangelados, pero con iniciativa para emprender proyectos.
El de Mochis, es hijo de un empresario, que fue candidato a la presidencia municipal de Ahome y perdió contra Salvador López Brito, del PAN.
El de Culiacán, descendiente de un modesto policía preventivo de la capital que no sabía de política pero contaba con un amplio sentido común para aleccionar a que se hicieran bien las cosas.
Esas diferencias, -que apenas son algunas, pero visibles- son las que no se pueden ocultar entre los dos competentes y que seguramente, desenmascararán levemente la realidad entre lo que dicen y hacen. Entre lo que prometen y pueden cumplir.
Entre la verdad y la mentira.
En medio de una guerra de clases sociales, que se prepara para elegir el próximo seis de junio, a su mandatario. Y que no quiere que la engañen.