La sombra del desaseo, desvío de dinero y compra de votantes, una amenaza a la elección del STASE.

La mitad de los candidatos demanda la nulidad del sucio proceso electoral

Gabriel Ballardo, el gran operador del fraude para evitar una investigación

Por Francisco de Sales Avena

Ante las graves irregularidades que se cometieron desde el primer día en la Zona Norte, mínimamente la mitad de seis de los candidatos a la Secretaría General del STSE, demandará anular el proceso electoral al documentarse para favorecer a la aspirante oficial Teresa de Jesús Ochoa de la Planilla Roja, una descarada compra de votos, acarreo y desviación de recursos financieros y humanos, a fin de alterar los resultados de los sondeos que le deban desventaja.

El principal operador del fraude, todavía dirigente espurio del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado, Gabriel Ballardo Valdez, comenzó a hacer mal uso de los recursos económicos que distribuyó entre miembros del Comité Ejecutivo y Delegados en los municipios que recorrieron casa por casa y a cambio de “un apoyo” llevaron ante las urnas a los burócratas que se prestaron al desaseo, a emitir su sufragio en favor de la abanderada rojista.

Esa suciedad que detectaron, obligó desde el 19 de los corrientes, la renuncia a seguir en la justa comicial a la candidata de la Planilla Blanca, Irene Hidalgo Bueno, quien fue la primera que señaló las vergonzosas anomalías con tal de beneficiar el continuismo de la actual dirigencia.

El directivo Gabriel Ballardo Valdez, incluso, les consiguió falsas incapacidades de salud a socios de su mismo círculo para que trazaran el fraudulento suceso, y por si fuera poco, acarrearon hasta con enfermos de Covid-19 que debían estar en cuarentena y bajo cuidado médico.

En varias de las casillas que se instalaron, metieron votos o permitieron hacer uso de su deber a agremiados que no les correspondía en ese lugar.

En Mazatlán, potenciales electores fueron objeto de propuestas económicas a cambio de respaldar a Teresa de Jesús Ochoa y en toda la red casillera, hubo presencia de integrantes de la directiva que viciaron el acontecimiento electivo al actuar como “juez y parte”.

En uno de los casos estuvieron a punto de connato de violencia cuando descubrieron que Gustavo Sánchez Morales, secretario de Organización del STASE, sospechosamente portaba una urna y se preparaba para hacerle reacomodos.

El 50 por ciento de los participantes como abanderados, registró la penosa comercialización de los sufragios y probablemente este viernes, último día de la contienda se abstengan de seguir en ese juego de lodo.

Varios de ellos, ordenaron integrar un expediente con pruebas para pedir ante las autoridades respectivas, la nulidad de las elecciones, que se considera una de las más burdas de la historia del sindicalismo mexicano.

Todo para que no llegue un burócrata diferente al del grupo de Gabriel Ballardo Valdez y le inicie una investigación por las tropelías que perpetró en contra de la clase trabajadora organizada, y sobre todo, contra el patrimonio sindical que lo utilizó como si fuera de su propiedad.

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